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miércoles, 28 de noviembre de 2018

LA MEJOR AÑADA



LA MEJOR AÑADA

De la sien del señorito brotó sangre, no mucha  pero lo suficiente para gotear y mancharle camisa y chaqueta. Incrédulo,  Don Julio se pasó la mano por el rostro, miró sus dedos, y con un gesto iracundo mandó a su capataz correr detrás del chaval del tirachinas.

Mientras, dos criados seguían volcando en la camioneta del dueño la uva que la familia del arrendatario había recogido. Esa familia, que ahora aguardaba en silencio, borradas sus sonrisas felices anteriores a la llegada del amo: la madre con los dos niños pequeños agarrados a su falda y el bebé en brazos; las chicas mayores de pie a su lado; y detrás, el padre que entre sus manos daba vueltas a la gorra y de pronto dio un paso adelante, carraspeó y dijo mirando al suelo:

-Le pido perdón, Don Julio. El chico no está bien. Apenas habla y ya tiene ocho años... No comprende que la cosecha es para usted.

Solo obtuvo la callada por respuesta. Y luego, un masticado "¡A la guardia civil va!"

Volvió el silencio matizado por el ir y venir de los criados y los golpes de la fusta con la que Don Julio maltrataba sus botas. Y no hubo más hasta que detrás de unos árboles sonó un disparo.

La madre rompió a llorar.

Unos minutos más tarde, todos tenían los ojos clavados en el capataz que venía hacia ellos. Traía al chico echado sobre su hombro como una pieza de caza, un cervato inmóvil, y así lo dejó en el suelo.

-¡Gervasio! ¿Qué...?

-Solo un tiro al aire, Señor, -le contestó el otro, -para que se parase. Pero se desmayó y sigue sin moverse.

La madre, arrodillada junto al niño, ya estaba besándole la cara, palpando brazos y piernas, espiando los primeros movimientos de sus párpados y tapándole la boca con su propia mano para que no soltara nada inoportuno como tantas otras veces.

En el carro de la familia quedaba la parte que pertenecía al arrendatario. Hermosos racimos azulados de la mejor cosecha desde los tiempos del abuelo que entre todos habían recogido con tanta ilusión esperando conseguir un buen precio en el mercado.

Don Julio apretó su pañuelo contra la herida, observó la mancha de sangre y lo tiró a la era.

-Voy a llamar a los verdes. Es un delincuente. Podría haberme matado.

Lentamente el padre levantó la cabeza y miró a Don Julio a los ojos. Ambos se acordaron de su infancia compartida, de cómo corrían por los prados y se bañaban en el río... siempre juntos pero con la insalvable distancia de las clases.

-¡Señor! -y muy bajito- ¿Juli?

Sin contestar, el otro le arreó un latigazo en  la cara. Esta vez sí que brotó mucha sangre de una herida que dejaría una cicatriz imborrable.

-Llevaros toda la cosecha, -ordenó a los criados y montó en el coche que conducido por su capataz se alejó rápidamente por el camino de tierra. Al poco tiempo le siguió la camioneta con la cosecha de la viña.

Las hijas taparon la herida del padre con el paño de la merienda y pusieron a su hermano que se estaba reponiendo en el carro para llevarlo a casa. La madre andaba a su lado y quiso cogerle la mano pero él la retiró bruscamente.

-Si nos vuelve a robar, le mato.

Lo dijo la chica mayor que bien sabía lo que la pérdida de las uvas iba a significar para la familia.


jueves, 22 de noviembre de 2018

EL VIAJE




Junto a los compañeras de mi escuadrilla, me asomé al filo de la nube de tormenta. Era grisácea y fuertes ráfagas de viento deshilachaban sus bordes. Detrás de nosotras se había formado el escuadrón de los semicongelados guerreros vestidos de blanco con armaduras puntiagudas. Nos manteníamos lejos de ellos porque ya se había producido algún que otro secuestro.

Poco a poco empezamos a saltar y tal y como nos habían contado las veteranas de varios ciclos, la primera caída libre fue brutal. ¡Cómo nos castigaba el viento con latigazos laterales mientras caíamos a gran velocidad!

El impacto contra una superficie mucho más dura que el fondo de la nube, me costó una parte de mi cuerpo redondo que -convertida en pequeñas esferas plateadas- salpicó rocas y plantas. Yo, o sea, lo que quedaba de mí, inicié una accidentada carrera hacia abajo, entre hierbas y piedras, acompañada de las compañeras, seguida y perseguida por los guerreros blancos que iban construyendo su manto silencioso. Nosotras, al contrario, hacíamos bastante ruido al sortear obstáculos, separar y volver a unirnos.

Sin embargo estaba sola cuando me deslicé sobre unas tejas y tuve una segunda caída libre mucho más corta. Acabé en la cabeza de un animal de piel olorosa y grandes ojos mansos en cuyas pestañas me columpié durante unos segundos.

"La vaca está llorando", gritó la voz de un niño.

¿Vaca? ¿Llorando?

Me solté justo cuando el animal bajó la cabeza para beber de un arroyo. Temblorosa pero feliz me uní a la transparencia de muchas gotas, muchas gotas de lluvia como yo que habían completado la primera parte de su viaje y continuaban el ciclo.




jueves, 8 de noviembre de 2018

MIRANDO AL CIELO





MIRANDO AL CIELO

Bajo la bóveda del cielo nocturno soy una mota de polvo, un nanomicrobio, menos que un soplo. En inconmensurables distancias giran plácidamente las estrellas o se convierten en supernovas cuyas ráfagas iluminan con gran retraso ese terciopelo azul marino.

Una estrella me guiña con un rayo titilante. ¿Me estará saludando con un mensaje morse codificado en colores prismáticos? Sin saber qué contestar ni a quién desvío la mirada y dejo que se hunda en un agujero negro, un tobogán cósmico de reflejos rutilantes que succionando me pretende llevar al otro lado del universo.

¡Dios, qué mareo! Eso, ¿Dios? ¿dónde? ¿arriba o abajo?

Con los ojos vueltos hacia la nada aterrizo en el suelo del bosque donde me envuelve otra negrura. Cuando despierto, me rodean lanzas verdes de hierba, hojas puntiagudas de pinos y atrufados grumos de tierra. Una hormiga escala mi mejilla.

Allá arriba sigue la expansión o el encogimiento de la inmensa oscuridad celeste pero me doy cuenta de que no soy el último eslabón de la cadena. Para los moradores microscópicos del subsuelo soy un gigante y esta satisfacción no me la quita ni el chichón que me está empezando a doler.




viernes, 26 de octubre de 2018

DANZANDO HASTA QUE SE CANSE LA LUNA





Anochece en una fábrica abandonada. Una luna gigante se desprende del contorno del tejado. Hay charcos en el patio de la fábrica. Cada charco refleja una luna y en cada charco hay una persona inmóvil. No se ven detalles, solo sombras. Comienza a sonar un violín tocando un baile húngaro.

Las figuras inician su danza al son de la pieza, se mecen y giran, levantan los brazos, pisotean el agua. Los reflejos de la luna se rompen. La melodía incrementa en rapidez y así los movimientos de los bailarines. Se suceden temas cada vez más salvajes y ya es imposible distinguir entre las figuras, sus ropas oscuras y ligeras y las sombras que bailan en el suelo.

De pronto oscurece la faz de la luna. Hilos de nubes negras envuelven y tapan parte de su cara luminosa y brillante.

Con un tono agudo se calla la música, los bailarines saltan fuera de sus charcos. Al rato, cuando despejadas las nubes la luna vuelve a mostrarse entera, se la ve muy pequeña y perdida allá en lo alto del cielo.

Aparecen los títulos:

DANZANDO HASTA QUE LA LUNA SE CANSE

La película según la imaginación de cada uno...



Guiones más interesantes en el blog de Mónica

miércoles, 12 de septiembre de 2018

XENOFOBIA



XENOFOBIA

La xenofobia y el racismo son trastornos mentales contra los que los niños están inmunes desde su nacimiento... hasta que comience su educación.

Sigan leyendo en el blog de Divagaciones Nocturnas.


jueves, 23 de agosto de 2018

LA CORBATA




LA CORBATA

Hacía ya bastante tiempo desde la desaparición de mi marido durante un viaje de negocios al Yemen, cuando el hotel donde se había alojado me envió su maleta. Un servicio de transportes me la trajo y la arrinconé durante unas semanas, pero mi casa era tan pequeña que la veía a todas horas y también tropezaba con ella.

Una noche a la hora de acostarme, subi la maleta a la cama y la abrí. Observé el interior y me quedé helada: reconocí su ropa, camisetas y camisas, un par de pantalones, calzoncillos...  ¡todo impecablemente doblado! Ni yo misma en los primeros tiempos de nuestra convivencia lo hubiese colocado con tanta perfección. Y ¿él, siempre tan despistado y caótico, que solía aplastar  la ropa en el fondo de la maleta tirando sus zapatos encima? Era imposible que lo hubiese hecho él.

Levanté con mucho cuidado una por una  las prendas como si fueran de cristal y se pudieran romper. En un recoveco de la maleta toqué una bolita de tela, suave y  arrugada. Era el pañuelo que hacía juego con la única corbata que él tenía, un regalo mio de cuando éramos novios. ¿Y la corbata? Repasé todo sin encontrarla. Al final cerré la maleta y la puse al lado de la ventana sin querer pensar más en mis sospechas ni saber qué hacer con ella.

Incluso con la luz apagada mi cabeza seguía dando vueltas: la policía hubiese dejado una nota al ordenar la maleta, el gerente del hotel, una tarjeta de visita, ¿entonces...? tenía que haber alguien con quien él tenía la suficiente confianza como para que le preparase la maleta. Una mujer, ¡otra mujer!, a pesar de haberme prometido que ya no... que nunca más...

Cuando escuché un ruido difuso me incorporé en la cama. No estaba sola en el dormitorio. De repente una mano de hombre que olía a tabaco cubrió mi boca y una tela sedosa presionó mi garganta.

"Acaba ya", dijo desde los pies de la cama la voz de mi marido que nunca había fumado. "Me estoy poniendo..."


Sigan revolviendo pañuelos y corbatas en casa de Rhodea



miércoles, 15 de agosto de 2018

ÁNGELES PÁJARO





ÁNGELES PÁJARO

Entre la hojarasca del otoño nació una criatura que era medio pájaro. Carecía de casi todo, apenas se movía y solo con ayuda del viento, que de lejos traía una melodía, podía volar en espiral hacia arriba para descender planeando. Así consiguió llegar a un claro del bosque donde en una vieja casa vivía un violonista, y se posó en el umbral de la puerta que al atardecer se abriría. Con el mismo arco de su instrumento, el músico recogió al medio pájaro y lo acostó en una cuna de madera donde ya había dos docenas o más.

Por las mañanas los alimentaba con Mozart y Corelli, a media tarde, tocaba Paganini, y cuando el día se iba, Schumann y Haydn... Y los medio pájaros crecieron, hicieron amistad entre ellos y formaron pareja a medida que se convirtieron en pequeños ángeles rollizos y guapetes.

En Nochevieja llegó su gran momento: el violonista abrió la puerta y los ángeles, adornados de escarcha, salieron al mundo para cumplir sus tareas.

Sigan viajando por el mundo visual de Mónica

viernes, 10 de agosto de 2018

TATUAJES



Ocho sobrinos, todos varones,
tenía Tomás para repartir sus doblones,
Sorprendedme, dijo, aburridos macacos,
Si no lo dejo todo a un Hotel para Gatos...

Nicolás se tatuó una cara sonriente
en un lugar inocente,
o sea, en el codo derecho.
Al día siguiente le dijo el pariente
que no estaba bien hecho,
que parecía la difunta tía Susana
con resaca y migraña

Entonces se puso una cara de enfado
justo en el codo del otro lado
pero el tío Tomás se burló del dibujo
y dijo: Vaya, mofeta de lujo.

Nicolás se gastó su sueldo y más
a ver si convencía al tío Tomás
con calaveras y horrores
y mujeres a cuatro colores
abrazadas y entrelazadas,
trepando por su espalda,
bajando por su pecho.
Huyendo del tigre del muslo derecho
brincaban gacelas por su pelvis,
en un glúteo, el retrato de Elvis
con letras griegas enfrente,
en cada tobillo, una serpiente...

Mas nada parecía impresionar a Tomás
y no le quedaba piel blanca a Nicolás.
Del disgusto el sobrino empezó a comer,
engordaba y engordaba casi se podía ver
como se hinchaba y los tatuajes se unían
personajes bajaban y pliegues subían
formando monstruos y dragones,
paisajes de campo y nubarones.

Tampoco los demás sobrinos acertaron
con el tío Tomás que despreciaba
todo lo que a él se le dedicara.

Pasó el tiempo y Tomás murió,
bajó al infierno o al cielo subió,
su testamento los herederos buscaron
pero nada de nada en casa encontraron.

Ni joyas tampoco ni billetes ni oro
dos perros desdentados y en una jaula, un loro,
con un papel arrugado donde ponía:
No supe qué hacer, me lo gasté en vida...

sábado, 28 de julio de 2018

UN VIAJE CON POLO



UN VIAJE CON POLO


-En mis tiempos, -dijo Marco desde el otro camello- nadie viajaba por placer sino por obligación. Había países que descubrir, rutas que establecer, ordenanzas reales que cumplir...

-Alguno también iría por lo de la aventura, -se me ocurrió decir entre dientes, medio mareada por los movimientos de mi camello que además estaba cojo.

Marco soltó una carcajada.
-¿Aventura? Bastante aventura era sobrevivir en tu patria chica, entre brotes de la fiebre amarilla y la falta de higiene. La gente se perfumaba en lugar de bañarse, los dientes podridos te mataban y tu aliento apestaba...

-Pero tú fuiste a sitios donde nadie había estado, ¿no?

-Ningún europeo quizás, pero ahí había culturas milenarias en auge y en declive, y  costumbres tan extrañas como eran las nuestras para ellos. Sus mujeres eran de una belleza distinta; sus "caballos" tenían joroba y la siguen teniendo aunque a ti no te guste.

Me enderecé indignada y perdí el poco equilibrio que me quedaba. ¡Qué lejos estaba el suelo!

Marco tendió una alfombra de silla a silla de nuestras monturas para darnos sombra y se sentó a mi lado. En el calor de la tarde el tufo de los animales se mezclaba con otros olores; el desierto nos rodeaba con ocres y sienas, y al besarnos nuestros labios agrietados sabían a sangre. Las manos del explorador invadieron mi cuerpo descubriendo territorios, despertando consonancias y conquistando mi piel en profundidad con imprevisibles reacciones.

Ningún viaje posterior me volvió a llevar tan lejos en el tiempo ni me condujo tan dentro de mi.

viernes, 20 de julio de 2018

EL LENGUAJE DE LA MÚSICA





Para ver y escuchar

Un hombre bueno al borde de la locura confiesa - o no - a su hijo el terrible secreto de su vida. Quizás solo le advierta de lo que pasará en el futuro inmediato, quizás le de pautas para cuando él ya no esté. Una gran culpa pesa sobre él y le ha ido trastornando. No puede más. Ha alcanzado sus metas pero el precio ha sido excesivo y se está rindiendo...

Una transmisión en directo desde la Ópera de París: el bajo Ildar Abdrazakov me tuvo hipnotizada durante dos horas sin entender una sola palabra, interpretando gestos y mímica, escuchando y sintiendo, imaginándome el significado de lo que cantaba. Al final salí de la burbuja musical rusa de Boris Gudonov, feliz y muy emocionada.

La música desde luego que es un idioma mundial.

Para comprobarlo, acudan al blog de Dafne

jueves, 28 de junio de 2018

QUEMA DE LIBROS





UN VIRUS LLAMADO FUEGO 3.0


Durante muchos años estaba segura de que no volvería a percibir el persistente olor de papel quemado, ni vería tapas de cuero encogidas y calcinadas convertirse en cenizas...

En mi infancia el país sufría bajo un régimen dictatorial que temía el poder de la palabra escrita y que para que la gente fuera manejable e ignorante, eliminaba los libros quemándolos. Excitados y sin comprender, los niños bailábamos alrededor de las hogueras, ya que todo aquello nos parecía un juego. Un día mi padre me vio y me sacó del grupo castigando y avergonzándome delante de los demás y nunca volví a participar.

Más tarde supe que muchas personas lucharon contra aquel régimen, arriesgando sus vidas, y al final se consiguió lo impensable: un gobierno democrático, elecciones libres y una Constitución. La vida iba a ser otra, más transparente y legal.

Transcurrieron los años y ante mi mirada perpleja la joven democracia pasó por baches de corrupción y se recuperaba solo para recaer y hundirse aun más por la miseria humana de las ansias del poder. Las serpientes del engaño y de la mentira levantaron sus feas cabezas y lograron que la oscuridad volviera a entumecer nuestros sentidos.

Tanta oscuridad hubo que volvieron los coches incendiados por tener una matrícula equivocada; las persecuciones a quien rezara o amara de otra manera; el rechazo y el odio de lo forastero. Y volvieron las hogueras... eso sí, con otros medios: todo estaba controlado a través de la red y había virus informáticos que afectaban solo a textos que utilizaran un vocabulario "políticamente incorrecto".

Yo trabajaba de periodista en una publicación de provincias y a través de mis artículos expresaba mis preocupaciones  camuflando mis críticas en clave de humor. Hasta ayer mismo todo iba bien pero cuando me puse a escribir mi columna para hoy, aniversario de la Constitución, vi atónita como la imagen de la pantalla se oscurecía desde los bordes mientras que en centro apareció una llama que iba aumentando en luminosidad.

Me asusté y salí corriendo. Horas después, cuando volví a la redacción de la que había sido despedida, de mi ordenador solo quedaban plásticos achicharrados.


Otras historias sobre el asesinato de la cultura se encuentran an el blog de Inma

viernes, 22 de junio de 2018

DULCE VENGANZA




DULCE VENGANZA

El auténtico protagonista del partido, el cuero pataleado, ese balón de piel cosida da volteretas por el campo. Apenas se escapa de un puntapie cuando otro zapato lo alcanza y lo hace rebotar. Al rato la esfera maltratada busca una salida, aprovecha la patada siguiente, y dibujando una trayectoria elíptica se eleva hacia la luz de los inmensos focos. Durante unos segundos logra liberarse así de la persecución, solo el aire la toca y la bola respira, su piel cuarteada se dilata... pero ya desciende de nuevo hacia el suelo que vibra sacudido por la manada de deportistas que la acechan: cuerpos musculados, entrenados y mimados como caballos de pura sangre; estrategas cuyos cerebros conectan exclusivamente con su aparato locomotor. Siguen los pases, engaños y empujones, los golpes y la caza del cuero hasta que frente a la portería el crack futbolístico de turno lanza el toque final. Entonces ocurre lo inesperado: el guardameta roza el balón con sus guantes, lo desvía, no consigue sujetarlo y el rebote lo hace chocar contra la cara triunfante del delantero estrella. Lo retiran del campo, otro ocupa su lugar y de nuevo se levanta la veda.
Dulce venganza la del balón pero ¡qué poco le ha durado!

Otros eventos en el blog de Gustavo

sábado, 26 de mayo de 2018

EL SECRETO DEL CEMENTERIO




EL SECRETO DEL CEMENTERIO


Pues, sí... la tía Mónica se hizo la enferma y partió en un taxi para Madrid al hospital de su seguro privado. A los pocos días se supo en el pueblo que había muerto de un infarto, a sus 78 años y en compañía de Sina, su sobrina preferida.

Sina volvió con un bulto que se suponía era la urna con las cenizas de Mónica y la enterraron en el pequeño mausoleo de la familia, el único que había en el cementerio, con su altarcito, su lámpara eterna eléctrica de luz roja intermitente y su cancela destinada a dar paso solo cuando alguién de la familia desaparecía.

La sobrina estableció una férrea rutina de visitar con su marido la tumba de Mónica cada domingo al atardecer y los festivos pronto por la mañana. Entraba en el pequeño recinto, reponía las flores naturales y lavaba las de plástico y su devoción impresionaba hasta al cura, Don Samuel, quien la puso repetidamente de ejemplo en sus sermones. Y el Señor parecía estar de acuerdo porque el negocio de Paco iba de viento en popa y la casa de Sina lucía cada mes un nuevo elemento de decoración.

Pronto Sina se quedó embarazada y conforme avanzaban los meses, su cintura se volvía cada vez más ancha, tanto que al pasar por la estrecha cancela tuvo que achuchar primero ella y luego le tocaba a Paco presionar y tirar, pero ELLA no consintió que él cambiase las flores o adecentara el altarcito.

Y pasó lo que tuvo que pasar: un buen día por el séptimo mes Sina se quedó atrancada en el mausoleo de la tía Mónica y entre ella y Paco lo pasaron tan mal para sacarla que él, normalmente un corderito, la prohibió tajantemente que volviera a entrar antes del parto. Y no, ella tampoco quería parir a su primer hijo en un cementerio, así que aceptó y a partir de ese momento fue Paco quien bajo la atenta mirada de Sina se encargaba de las flores.

El primer día del nuevo arreglo, antes de que saliera, Sina le hizo sacar una piedra de mármol del rodapié. En el hueco detrás había varios fajos de billetes. -Saca quinientos euros, -dijo Sina con la voz entrecortada. -Hay que mandarle la mensualidad a Mónica.

Cuando regresaron andando por el campo, le explicó la trama de "Tía Mónica". Como la pobre había estado harta de las falsedades de la familia, halagándola para conseguir una mayor parte de la herencia, se había ido a vivir a Estepona, Sina la mandaba poco a poco sus ahorros porque la vieja no se fiaba de ningún banco, y cada mes la sobrina podía quedarse con una modesta cantidad por ser la callada 'albacea en vida' de su tía abuela Mónica...

Cosas de pueblo, cosas de Cantalapiedra....



jueves, 24 de mayo de 2018

EL PREMIADO



El premiado

Ha llegado el gran momento La Concejala de Cultura pronuncia el nombre del ganador del concurso de relatos: “Primer Premio por votación de los lectores, ‘Delirio’ por Horacio Casado De Pena”. Algunos de los reunidos se sonríen y asienten con la cabeza dando el visto bueno a los apellidos del artista, cuando ante la sorpresa general se incorpora una rubia impresionante y avanza entre aplausos hacia el estrado. 
La esbeltez de su silueta está rematada por unas piernas interminables; se contonea con soltura absoluta sobre unos tacones de infarto. Todos –y todas– observan fascinados a esa diosa vestida de rojo; pensamientos inconfesables bailan como motas de polvo en la luz de los focos, se enredan en sus bucles dorados, en sus pestañas hábilmente maquilladas. El alcalde se alisa la chaqueta, mete barriga, y espera de pie, sonriente y con la mano extendida…  
Pero antes de subir la escalinata,  la hermosa joven gira a un lado y desaparece bajo el arco de medio punto que lleva a los aseos. El público, desorientado, vuelve sus miradas a la mesa presidencial; se oye alguna que otra carcajada desaprensiva. El alcalde, dando por concluida la entrega de premios, invita a los presentes a que pasen al bufet. Nadie se fija en el anciano que apoyado en su bastón camina por un pasillo lateral.

Todavía no ha llegado al estrado, cuando le cierra el paso la marea de los asistentes que después de una larga ceremonia con velada musical y discursos, se lanzan en busca de sustento y refrescos. Una señora de mediana edad le agarra del brazo. —Por aquí no es, abuelo, —le dice con un bienintencionado exceso de confianza.

El escritor sobre cuya espalda pesan muchos años y vivencias, se encoge de hombros, da media vuelta y sigue a sus admiradores hasta el bufet donde pide un vaso de vino.

Más premios se reparten en el blog de Juan Carlos

miércoles, 18 de abril de 2018

LA MUERTE DE UNA SUPERHEROÍNA




LA MUERTE DE UNA SUPERHEROINA

Un callejón oscuro, luces de neón intermitentes, olor a aceite entre la sombra de muros de graffiti. Una figura esbelta yace en el suelo, de vez en cuando la sacuden calambres. Desde la cercana avenida llega el eco de motores y bocinas y de una sirena de ambulancia que se aleja.

La mujer se endereza con infinito esfuerzo; una vez sentada se apoya contra el muro. Sus manos repasan sus bolsillos pero el temblor hace que se le caiga lo que buscaba: un lápiz con emisora de emergencia.

Un hombre alto y enjuto se separa de las sombras. Sus ojos se clavan en los de su víctima. "!Muere ya de una vez¡", parece musitar, se da media vuelta y su imagen se disuelve en la oscuridad.

Cuando la encuentran, consiguen salvar su cuerpo mortal pero no sus poderes. Y de eso se trataba al inyectarle el virus de la vejez.


La saga continúa en la casa del Demiurgo

jueves, 12 de abril de 2018

ZUMO SÍ, ZUMO NO





ZUMO SÍ, ZUMO NO

-¡Mamá, Mamá! ¡Zumo!
-Sí, hijo, sí, ya voy.
-Papá, no! ¡Mamá, zumo!
-Ya, ya, Mamá te lo compró y Papá te lo va a dar.
-No, no, Mamá, zumo!
-Sabes qué, Peque, vamos al súper a comprar otro zumo. Tú y yo, tú y yo, comprando zumo...

Dring, Dring
-¿Sí?
-Miguel, ¿te vienes dentro de un rato a una partidita de póker?
-Qué has dicho? ¿Pokemón?...
No, gracias, voy a comprar zumo con el nene.
-¿Crees que deberías frecuentar sitios así con el pequeño?
-Déjame en paz. ¡Voy a comprar zumo de fruta, canalla!

-¡¡Papá, canalla, Mamá, zumo!!
¡Buff! Zumo, zumo...

-Oiga, señor, en verano los niños deben beber mucho. ¿Por qué no le da zumo al nene?
-¡¡Ca-na-lla!! Papá, zumo, zumo.
-Y no le enseñe este lenguaje, hombre, que es muy pequeño todavía.

-Ten el zumito, hijo, tiene fresa y platanito. Uy, ¡¡qué rico está!!
-Mamááá! Zumo rosa no!

Clic, clic...
¡Bufete de García, García y García, dígame!
-¿Puedo hablar con la Sra. Rufiata?
-¿De parte de...?
-Su marido.
-¿¿Quién??
-¡¡SU MARIDO!!
-La Sra. está reunida. Lo siento. Quizás dentro de media hora en el coffebreak.
Clic

-Zumo, zumo, Mami, Mami.
-Quieres un traguito de Cocacola? Qué fresquita...
-Mami, zumo!!

...
-Uff, se ha dormido. Ahora la lavadora y la verdura para la cena...
Chop, chop...
Clac, clac...

-Miguel, Pitufo, ¿dónde estáis? Tengo una gran noticia! El Sr. García quiere que vaya con él a la convención de Bilbao.
-¿Qué Sr. García? El del principio, del medio o del fin?
-¿Qué te pasa? ¿Y el nene? ¿Cómo está durmiendo a esta hora?
-Quería zumo y no quería que se lo diera yo. Incluso fui con él a comprar más zumo, pero nada. Tanto protestó que se cansó y se durmió.
-¿No miraste en la listita que te dejé pegada en la nevera? El chachi lleva unos días diciendo zumo cuando quiere leche.
-¡Ah!
-Y ¿no me vas a felicitar por la promoción en el bufete?
-¿El qué?
-No me escuchaste, ¿verdad?

-Mami, Mami, ¡ca-na-lla!

-Hay que ver: un día con el nene... ¡estás agotado y encima le enseñas palabrotas!

Poco después Miguel aceptó un trabajo de barrendero y con su sueldo paga a una niñera...

Más relatos en el blog de Gustavo

miércoles, 4 de abril de 2018

DEL PAÍS DEL CONEJILLO DE PASCUA




DEL PAÍS DEL CONEJILLO DE PASCUA

Soy del país del conejillo de pascua... La Semana Santa de mi infancia católica romana -pero menos- giraba alrededor de huevos vaciados y pintados en casa que se colocaban en un ramo con flores de primavera. El Domingo de Resurección buscábamos nidos con huevos de chocolate camuflados detrás de cortinas y debajo de camas (versión urbana) o entre arbustos y detrás del cobertizo (versión rural).

Cuarenta y seis años en Andalucía no han sido suficientes para convertirme en admiradora de procesiones y pasos (sigo siendo católica no practicante). Tanto lujo, tantos mantos bordados con piedras preciosas, tantas coronas sobre caras de marfil y madera demacradas y devastadas por el dolor y la tristeza. El mismo dolor y la tristeza que siguen cobijados en humildes pisos y chabolas rodeados de pobreza y desesperación mientras que los tronos se pasean a la luz de las velas reluciendo oro y plata que se refleja en la mirada de gente con escasas esperanzas...

No hay cura que se oponga a tanta ostentación? No hay obispo que autorice la venta de objetos de la curia a favor de los hambrientos del mundo? No hay Papa que renueve los conceptos eclesiásticos y los enfoque hacia aquellos que nacen sin nada y así se van a morir?


El tema sigue en el blog de Lucía

jueves, 29 de marzo de 2018

EL CUADRO CAMBIADO



EL CUADRO CAMBIADO

A la hora de cierre del museo, el ladrón se  camufló entre cachivaches del sótano. Dos veces pasó Maurice, el guarda, por su lado sin verlo, luego se fue escaleras arriba para cenar en el despachito al lado de las salas de exposición.

Media hora después Maurice volvió a ponerse en marcha. Orgulloso de ser el paladín de tales maravillas acarició con su linterna brevemente las obras maestras que encontró en su ronda: Degas, Gauguin, Cezanne, van Gogh...

Temblando volvió sobre sus pasos pero no se había equivocado. Faltaba su cuadro favorito del genio holandes. ¡Había desaparecido "La habitación de Arlès"!
Maurice, apoyado sobre la pared, sacó el pastillero para calmar la taquicardia que le subía por la garganta. Tragó la medicina con saliva y dejó que su mirada regresara otra vez al sitio. Parpadeó y se quitó las lágrimas con el dorso de la mano. Poco a poco vió unas líneas que se juntaron para formar una torpe réplica del cuadro robado. La burlesca sustitución terminó por sacarlo de quicio y empezó a correr por los pasillos del museo dando unas grandes voces:

"Cabrón, ¿qué has hecho con los muros lila pálido, el suelo de rojo gastado y apagado, las sillas y la cama amarillo de cromo, las almohadas y la sábana verde limón muy pálido, la manta roja sangre, la mesa de aseo anaranjada, la palangana azul, la ventana verde..?"

De pronto le fallaron las piernas y cayó al lado de la puerta de entrada donde un martillo abrió una brecha en su cráneo. Mientras el ladrón rebuscaba en el bolsillo de Maurice para sacar la llave maestra, la cara del guarda estaba cada vez más pálida y tanto su uniforme anaranjado como el suelo se tiñieron de rojo, esta vez de rojo sangre brillante y sedoso.


Seguimos en el blog de Demiurgo.

sábado, 17 de marzo de 2018

BARRO CREATIVO



BARRO CREATIVO

En mi infancia no había apenas prohibiciones, solo consejos y mucho cariño.

Quizás por esa libertad de crear y expresarme mi juego preferido giraba alrededor de los charcos y por suerte en Baviera llueve mucho... en esos días
cuando volvía del cole con la mochila a la espalda, me agachaba -¡y con qué facilidad!- junto a aquellos lagos minúsculos para trazar con cualquier palo ríos, afluyentes y pozos. Las puntas de los zapatos me servían para mover piedras y solidificar diques, y con mis manos abría pasos y modelaba puentes. 
A esas alturas, el barro solía cubrir algo más que la mitad inferior de mi persona... Cuando me enderezaba con intención de ir a merendar, me encandilaban las imágenes del cielo con sus nubes impecablemente reflejado en mis lagunas y estanques... Nunca llegué a tiempo a casa y siempre tuve que ir derecho a la bañera. No solía haber broncas, solo la queja de mi madre que había estado preocupada por mi tardanza.
Qué tiempos aquellos! Y aún os voy a contar un secreto: todavía me cuesta pasar de largo cuando veo un buen charco enfangado ! 😁

viernes, 9 de marzo de 2018

SOLO DE BATERÍA
















SOLO DE BATERÍA

Texto: Manuel de Mágina
Dibujo: Dorotea Fulde Benke