domingo, 9 de diciembre de 2018

CONVOCATORIA DEL 13 DE DICIEMBRE: TU LADO MÁS ANIMAL




TU LADO MÁS ANIMAL


Deja que te crezcan crines, embellécete con plumas que sean tuyas, observa con ojos de gato, nada con aletas de pez...

Ya me vas cogiendo la idea? Descríbeme el mundo desde el punto de vista de un animal, el tuyo preferido o uno cualquiera.

¿Si tú fueras un animal, cuál serías? 

Te prometo que galoparemos contigo por verdes llanuras, sentiremos la lealdad inquebrable de un perro de compañía, exploraremos la fiera independencia de los felinos y volaremos al nido de un aguilucho...

Así que ¡echa a volar tu imaginación! Aquí te espero del jueves al sábado con el cuentapalabras en mente pero no en el corazón.

Un abrazo

miércoles, 28 de noviembre de 2018

LA MEJOR AÑADA



LA MEJOR AÑADA

De la sien del señorito brotó sangre, no mucha  pero lo suficiente para gotear y mancharle camisa y chaqueta. Incrédulo,  Don Julio se pasó la mano por el rostro, miró sus dedos, y con un gesto iracundo mandó a su capataz correr detrás del chaval del tirachinas.

Mientras, dos criados seguían volcando en la camioneta del dueño la uva que la familia del arrendatario había recogido. Esa familia, que ahora aguardaba en silencio, borradas sus sonrisas felices anteriores a la llegada del amo: la madre con los dos niños pequeños agarrados a su falda y el bebé en brazos; las chicas mayores de pie a su lado; y detrás, el padre que entre sus manos daba vueltas a la gorra y de pronto dio un paso adelante, carraspeó y dijo mirando al suelo:

-Le pido perdón, Don Julio. El chico no está bien. Apenas habla y ya tiene ocho años... No comprende que la cosecha es para usted.

Solo obtuvo la callada por respuesta. Y luego, un masticado "¡A la guardia civil va!"

Volvió el silencio matizado por el ir y venir de los criados y los golpes de la fusta con la que Don Julio maltrataba sus botas. Y no hubo más hasta que detrás de unos árboles sonó un disparo.

La madre rompió a llorar.

Unos minutos más tarde, todos tenían los ojos clavados en el capataz que venía hacia ellos. Traía al chico echado sobre su hombro como una pieza de caza, un cervato inmóvil, y así lo dejó en el suelo.

-¡Gervasio! ¿Qué...?

-Solo un tiro al aire, Señor, -le contestó el otro, -para que se parase. Pero se desmayó y sigue sin moverse.

La madre, arrodillada junto al niño, ya estaba besándole la cara, palpando brazos y piernas, espiando los primeros movimientos de sus párpados y tapándole la boca con su propia mano para que no soltara nada inoportuno como tantas otras veces.

En el carro de la familia quedaba la parte que pertenecía al arrendatario. Hermosos racimos azulados de la mejor cosecha desde los tiempos del abuelo que entre todos habían recogido con tanta ilusión esperando conseguir un buen precio en el mercado.

Don Julio apretó su pañuelo contra la herida, observó la mancha de sangre y lo tiró a la era.

-Voy a llamar a los verdes. Es un delincuente. Podría haberme matado.

Lentamente el padre levantó la cabeza y miró a Don Julio a los ojos. Ambos se acordaron de su infancia compartida, de cómo corrían por los prados y se bañaban en el río... siempre juntos pero con la insalvable distancia de las clases.

-¡Señor! -y muy bajito- ¿Juli?

Sin contestar, el otro le arreó un latigazo en  la cara. Esta vez sí que brotó mucha sangre de una herida que dejaría una cicatriz imborrable.

-Llevaros toda la cosecha, -ordenó a los criados y montó en el coche que conducido por su capataz se alejó rápidamente por el camino de tierra. Al poco tiempo le siguió la camioneta con la cosecha de la viña.

Las hijas taparon la herida del padre con el paño de la merienda y pusieron a su hermano que se estaba reponiendo en el carro para llevarlo a casa. La madre andaba a su lado y quiso cogerle la mano pero él la retiró bruscamente.

-Si nos vuelve a robar, le mato.

Lo dijo la chica mayor que bien sabía lo que la pérdida de las uvas iba a significar para la familia.


Pasen por el blog de Inma para seguir leyendo.

jueves, 22 de noviembre de 2018

EL VIAJE




Junto a los compañeras de mi escuadrilla, me asomé al filo de la nube de tormenta. Era grisácea y fuertes ráfagas de viento deshilachaban sus bordes. Detrás de nosotras se había formado el escuadrón de los semicongelados guerreros vestidos de blanco con armaduras puntiagudas. Nos manteníamos lejos de ellos porque ya se había producido algún que otro secuestro.

Poco a poco empezamos a saltar y tal y como nos habían contado las veteranas de varios ciclos, la primera caída libre fue brutal. ¡Cómo nos castigaba el viento con latigazos laterales mientras caíamos a gran velocidad!

El impacto contra una superficie mucho más dura que el fondo de la nube, me costó una parte de mi cuerpo redondo que -convertida en pequeñas esferas plateadas- salpicó rocas y plantas. Yo, o sea, lo que quedaba de mí, inicié una accidentada carrera hacia abajo, entre hierbas y piedras, acompañada de las compañeras, seguida y perseguida por los guerreros blancos que iban construyendo su manto silencioso. Nosotras, al contrario, hacíamos bastante ruido al sortear obstáculos, separar y volver a unirnos.

Sin embargo estaba sola cuando me deslicé sobre unas tejas y tuve una segunda caída libre mucho más corta. Acabé en la cabeza de un animal de piel olorosa y grandes ojos mansos en cuyas pestañas me columpié durante unos segundos.

"La vaca está llorando", gritó la voz de un niño.

¿Vaca? ¿Llorando?

Me solté justo cuando el animal bajó la cabeza para beber de un arroyo. Temblorosa pero feliz me uní a la transparencia de muchas gotas, muchas gotas de lluvia como yo que habían completado la primera parte de su viaje y continuaban el ciclo.

A seguir viajando en el blog de Alberto V


jueves, 8 de noviembre de 2018

MIRANDO AL CIELO





MIRANDO AL CIELO

Bajo la bóveda del cielo nocturno soy una mota de polvo, un nanomicrobio, menos que un soplo. En inconmensurables distancias giran plácidamente las estrellas o se convierten en supernovas cuyas ráfagas iluminan con gran retraso ese terciopelo azul marino.

Una estrella me guiña con un rayo titilante. ¿Me estará saludando con un mensaje morse codificado en colores prismáticos? Sin saber qué contestar ni a quién desvío la mirada y dejo que se hunda en un agujero negro, un tobogán cósmico de reflejos rutilantes que succionando me pretende llevar al otro lado del universo.

¡Dios, qué mareo! Eso, ¿Dios? ¿dónde? ¿arriba o abajo?

Con los ojos vueltos hacia la nada aterrizo en el suelo del bosque donde me envuelve otra negrura. Cuando despierto, me rodean lanzas verdes de hierba, hojas puntiagudas de pinos y atrufados grumos de tierra. Una hormiga escala mi mejilla.

Allá arriba sigue la expansión o el encogimiento de la inmensa oscuridad celeste pero me doy cuenta de que no soy el último eslabón de la cadena. Para los moradores microscópicos del subsuelo soy un gigante y esta satisfacción no me la quita ni el chichón que me está empezando a doler.


Otras visiones del cielo en el blog de Mag

viernes, 26 de octubre de 2018

DANZANDO HASTA QUE SE CANSE LA LUNA





Anochece en una fábrica abandonada. Una luna gigante se desprende del contorno del tejado. Hay charcos en el patio de la fábrica. Cada charco refleja una luna y en cada charco hay una persona inmóvil. No se ven detalles, solo sombras. Comienza a sonar un violín tocando un baile húngaro.

Las figuras inician su danza al son de la pieza, se mecen y giran, levantan los brazos, pisotean el agua. Los reflejos de la luna se rompen. La melodía incrementa en rapidez y así los movimientos de los bailarines. Se suceden temas cada vez más salvajes y ya es imposible distinguir entre las figuras, sus ropas oscuras y ligeras y las sombras que bailan en el suelo.

De pronto oscurece la faz de la luna. Hilos de nubes negras envuelven y tapan parte de su cara luminosa y brillante.

Con un tono agudo se calla la música, los bailarines saltan fuera de sus charcos. Al rato, cuando despejadas las nubes la luna vuelve a mostrarse entera, se la ve muy pequeña y perdida allá en lo alto del cielo.

Aparecen los títulos:

DANZANDO HASTA QUE LA LUNA SE CANSE

La película según la imaginación de cada uno...



Guiones más interesantes en el blog de Mónica

viernes, 12 de octubre de 2018

EL FINAL DEL VERANO




        Dorotea Fulde Benke, El Final del verano, 2016, ceras de óleo

EL FINAL DEL VERANO

El último día del verano empezó a llover. Era el momento de la despedida general y las gotas cayeron sobre manos estrechadas, abrazos y maletas; se mojaron teléfonos móviles y portátiles y la ropa transparente se traslucía sobre piel morena.

Ya se iban a marchar los amigos del padre, los primos recién casados y también los vecinos del 3A, cuando mi madre dijo: "Meteros todos al porche. ¡Vamos a despedir al verano con un almuerzo ligerito!"

Los adultos se sentaron en sillas y taburetes, sillones y sofás. Los chicos se acoplaron en la baranda y los escalones. Mi madre y yo sacamos primero un regimento de vasitos de gazpacho que ella había preparado y luego una legión de hamburguesitas con sus servilletas de papel. Al rato todos estábamos comiendo  en silencio, mientras la lluvia tamborileaba sobre el techo de uralita. A lo lejos sobre el mar iban rajándose las nubes y un trozo de cielo azul asomó como si fuera un mantel.

Sonó una guitarra. El primo recién casado había sacado su instrumento y tocó una rumba flamenca marcando el ritmo con los nudillos. Pronto se arrancó a bailar su mujer, luego la vecina del 3A y al final mi madre meneando una bayeta de cocina. También los chicos se lanzaron, los mayores daban palmadas y ante ese jaleo se echaron a volar las gaviotas que siempre rodeaban la casa y descansaban en las dunas.

Aquel día no se marchó nadie. Pasamos horas y horas en la playa; mi madre fue al pueblo a comprar y antes del anochecer  montamos una enorme barbacoa seguida de más música y baile. A medida que la gente se iba a dormir, dijeron adiós a todo el mundo y por la mañana la casa se quedó vacía y tranquila. Definitivamente el verano se había acabado.


sábado, 29 de septiembre de 2018

LA LÍNEA 20 CON ESTANCIA EN EL HOSPITAL





"Pero una vez que lo obtuvo, ella no se conformó con la simple respuesta afirmativa."
EL AMOR EN TIEMPOS DEL CÓLERA
Gabriel García Márquez

LA INCRÉDULA

Volvió a insistir, pidió una segunda opinión y luego una tercera. Sus brazos se llenaron de picotazos, su piel se resintió de ser frotada con tantos algodones embebidos en alcohol, incluso los esparatrapos hipoalérgicos terminaron por provocarle  excemas y rojeces.

Cuestionó los resultados, contrastó porcentajes y sintió como la desconfianza la invadía una y otra vez con náuseas y escalofríos. Mientras,  pasaron los días y las semanas. Debido a sus ataques de pánico comía sin ton ni son y empezó a engordar...

Cuando se cumplieron tres trimestres desde los primeros síntomas, su marido se había fugado con una dentista delgadísima y ella se puso de parto en el ascensor de la casa porque nunca se había creído que en lugar de una rarísima enfermedad que le hinchaba el vientre, estaba embarazada de gemelos a los que en el bautizo pondría de nombres "Quizás" y "Probable"...


  1. El vodevil de historias gira en el blog de Mag y la otra parte de la inspiración vino de Rhodea.