jueves, 10 de mayo de 2012

EL INVITADO


Hace tiempo que llevo un disfraz cuando salgo a la calle. Si alguien descubre mi dentidad, en seguida se arma un revuelo, me sacan fotografías, me pellizcan para saber si soy real; han llegado a arrancarme la ropa en un intento de descubrir lo que había debajo. Pero esta vez he conseguido llegar sin que nadie se fijara en mí. En la antesala de la universidad me quito el pesado atuendo que disimula mi condición. Ya en el cuarto de aseo, el espejo del baño me refleja tal y como soy: alto, delgado, pálido, serio…  Abro con cuidado la pesada puerta del aula. La profesora, que está explicando los orígenes del problema, baja enseguida los escalones con un gesto amistoso, la mano extendida; se sonríe. El aula está llena, pero no se oye nada. Saludo a la profesora que me acompaña hasta el atril y me presenta.  —Aprovechen esta oportunidad única —dice con gran determinación—,  escuchen con atención, formulen sus preguntas con delicadeza… Señoras, tengo el placer de presentarles a uno de los cinco varones que quedan en el continente europeo.

2 comentarios:

  1. Hola Dorotea.
    Cuanto tiempo sin leer tus letras.
    Me ha gustado tu relato, mientras lo leía no imaginaba que el protagonista era un simple varón (claro está que con tal escasez de ellos lo de simple sobra), esperemos que la cosa no escasee tanto en la vida real (aunque mi hermana pequeña me jura que sí, que la cosa está muy mal en cuestión de hombres).
    Me ha encantado volver a leerte
    Un beso
    Mar

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  2. Tengo entendido que por los abortos selectivos y otras "lindezas", en oriente están ya escaseando -al menos en ciertos lugares- las féminas. Si el futuro europeo plantea esta situación que relatas, quizás la futura integración oriente-occidente esté asegurada..pero a qué precio!
    =(

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