jueves, 4 de abril de 2019

CRÓNICA DE LA ÚLTIMA VEZ


Dorotea Fulde Benke, Siesta, 2014 (arcilla roja)

CRÓNICA DE LA ÚLTIMA VEZ


Llegaste tarde del turno de trabajo; escuché como abriste el microondas donde te había dejado una tapa para que cenases algo, pero no. Pasaste por el baño y al momento noté en el colchón el peso de tu cuerpo.  Tu mano cálida me hizo las caricias de siempre; reaccioné somnolienta; la penetración, rutinaria, sin pena ni gloria; mi orgasmo fácil, real o no. Con un 'Buenas noches' apenas audible, nos dimos la vuelta hacia el exterior. Hace de eso veinte años y no hemos hecho uso del matrimonio desde entonces.

Pero esa no fue la última vez...

¡La última vez fue muy anterior! Fue cuando a través de tu miembro recuperé algo intrinsecamente mío, una parte que me pertenecía por derecho, que me hacía entera y cuya retirada fue un desgarro que me dejó tan vulnerable que el refugio de tus brazos no me complacía ni me consolaban tus besos. Encerré el recuerdo sensual dentro de mí como un tesoro para revivirlo más adelante, pero no fui capaz. Lo nuestro acabó en aquel momento aunque yo tardaría años en darme cuenta.


Para otros relatos creados a partir de los títulos facilitados por Mónica, acudan a su blog.

viernes, 15 de marzo de 2019

LIBERTAD



No podría expresarlo mejor. Disfrutad conmigo:

LIBRE TE QUIERO


El tema de la libertad se desarrolla a partir del blog de Inma: Molí del Canyer

sábado, 9 de marzo de 2019

FIN DE LA CONVOCATORIA DEL 7 DE MARZO





Queridos compañeros:

Como siempre vuestras aportaciones me han hecho muy feliz, especialmente en una convocatoria como esta con un tema tan exótico como exigente!

Gracias de todo corazón y hasta la próxima,
un abrazo
Dorotea


PD. El día 14 nos convoca Inma con menos restricciones en su blog MOLÍ DEL CANYER

HAIKUS DE PRIMAVERA




PRIMAVERA

Vientos azules
cazan las blancas nubes.
El sol en mi piel.

Nadie las siembra;
las flores amarillas
crecen y mueren.

Vueltas a casa
las aves en bandada
cruzan y cantan.

(Dorotea, 2019)



sábado, 2 de marzo de 2019

CONVOCATORIA DEL 7 DE MARZO: HAIKUS Y SENRYUS



HAIKUS y SENRYUS


Os pido esta semana que penséis en los cambios que experimenta la naturaleza según la temporada: primavera ( los del hemisferio norte ) y otoño los de allende del mar.



La forma de expresaros será en un principio el haiku, uno o varios, preferiblemente dedicado a la naturaleza y la temporada que toque. Recordad que hablamos de una poesía de tres líneas que no debe llevar rima y que requiere un recuento de sílabas:

cinco en la primera línea
siete en la segunda línea
cinco en la tercera línea

Hay otras reglas y matices que no creo sea necesario aplicar y ni conocer siquiera. Sin embargo, quien quiera profundizar encontrará mucha información detallada en

https://revista.poemame.com/2017/11/23/se-puede-llamar-haiku-a-cualquier-poema-5-7-5/

Para abrir oído, aquí van unos clásicos del maestro Basho, traducidos del japonés (por ello, en español no cuadra el número de sílabas):


Este camino
nadie lo recorre ya,
salvo el crepúsculo.


Habiendo caído
las flores del cerezo,
el templo pertenece a las ramas.



Hay otra variante, el senryu (cuyos temas son más variados y no se limitan a la naturaleza), aquí de la mano de Mario Benedetti:

Hay pocas cosas
tan ensordecedoras
como el silencio

Los pies de lluvia
nos devuelven el frío
de la desdicha

Óyeme oye
muchacha transeúnte
bésame el alma



¡Vengan, láncense, compongan sus haikus o senryus y dejen que todos disfrutemos con ellos!





¡LO SENCILLO TAMBIEN VALE!



PRIMAVERA

Vientos azules
cazan las blancas nubes.
El sol en mi piel.

Nadie las siembra;
las flores amarillas
crecen y mueren.

Vueltas a casa
las aves en bandada
cruzan y cantan.

(Dorotea, 2019)



                             ようこそ!




























jueves, 28 de febrero de 2019

EL APARTAMENTO




EL APARTAMENTO


Se dio cuenta de que su apartamento resultaba cada vez más pequeño cuando quiso ponerse unas sandalias del zapatero. No las había tocado desde el verano anterior, y por más que tirase de ellas, no pudo sacarlas del mueble. Cuando se agachó, con mucho trabajo, creyó ver que la parte de atrás de las sandalias estaba empotrada en el muro. Algo mareada, se enderezó jurándose que no volvería a tocar la botella del pacharán durante el día. Fue a limpiar escaleras en zapatillas de andar por casa, y al regresar se entretuvo observando la espalda y nuca de su marido que estaba frente al televisor, callado e inmóvil como siempre. Barajó la posibilidad de comentarle lo de las sandalias, pero desistió enseguida. ¿De qué iba a servir?

A la mañana siguiente se armó de valor y una linterna, e inspeccionó el interior del armario. Lo encontró bastante revuelto; había cuatro pares de mocasines amontonados y ninguna sandalia. Pensó aliviada que se había equivocado y no le dio mayor importancia, hasta que a media tarde escuchó un ruido en el dormitorio. Al abrir la puerta, se topó con dos figuritas de porcelana en el suelo. La repisa, sobre la que habían estado acumulando polvo durante años, apenas ya sobresalía de la pared. Las piernas le temblaron y se sentó en la cama mirando a través del pequeño pasillo hacia el salón. Su marido estaba junto a la mesa escribiendo con rotulador en el hule.

Preparó una pequeña maleta con lo más importante: los medicamentos de él, un álbum de fotos de su vida antes del accidente, ropa interior, algo de abrigo, los documentos de identidad. La llevó hasta la puerta de la vivienda y señaló a su marido para que le siguiera. Él avanzó apenas medio metro y se paró en seco. Impaciente se acercó para ayudarle y suponiendo que estarían atascadas por una mala postura, agarró las ruedas con fuerza hasta hacerse daño en la espalda; también tiró de los apoyabrazos, había empezado a sudar y sus manos resbalaron una y otra vez. La silla ya no cabía por el pasillo. Él, como siempre, negaba el sentido de este esfuerzo como de cualquier otro, incluso empezó a mover la silla hacia atrás y solo se detuvo cuando chocó contra un mueble.

Quiso seguirle pero sus caderas rozaron la pared y sintió miedo. Si iba al salón quizá ya no podría salir. Su mirada buscó la de su marido, pero él se había vuelto hacia la mesa y seguía garabateando en el hule.

Casi no pudo abrir la puerta de la vivienda, encajonada como estaba en el marco. Cuando lo logró se fue, llevándose la maleta y sin hacer caso de los ruidos confusos que escuchaba detrás de sí. En la calle pensó en llamar a Servicios Sociales..., no recordaba el número, y entonces se subió al primer autobús que pasó.

Otros temas libres en el blog de Ame.

martes, 19 de febrero de 2019

JE T'AIME... MOI NON PLUS -50 años escuchando una canción-





HAMMAMET, 1969


El restaurante estaba cerrado: un vasto espacio en penumbra apenas iluminado por unas bombillas; sus paredes desconchadas mostraban capas de pintura beige y marrón como fondo de incontables sillas blancas de terraza de verano, estas últimas apiladas en los laterales. En el centro se abría un vacío alrededor de una mesa grande con unas cuantas sillas. Llegamos a altas horas de la noche, después de atravesar la nada por un camino de tierra. El coche era un cuatro latas destartalado y nuestros acompañantes tres jóvenes tunecinos que trabajaban en el hotel donde nos alojamos. Su tío, un hombre mayor corpulento y canoso, nos estaba esperando.

Repartieron vasos con coca cola y ginebra,  y mi hermana y yo, turistas alemanas rubias y rollizas, brindamos con nuestros anfitriones. Hablamos por signos y utilizando retazos de varios idiomas; nos reímos y sentimos cómo el alcohol disolvía nuestras preocupaciones acerca del lugar solitario y la hora intempestiva...

Poco a poco sin embargo todo quedó en silencio: a nosotras la bebida nos dio sueño; los chicos que fumaban una cachimba tenían las mejillas encendidas y nos lanzaban miradas esquivas bajo párpados casi cerrados. El tío bebía vaso tras vaso de whisky con hielo cuyos cubitos crujían al derretirse. En algún momento él chasqueó con la lengua y uno de los muchachos se levantó a trompicones para conectar un radiocasete que estaba en el mostrador.

La canción prohibida llenó el local con sus  acordes simples, repetitivos; la voz ahumada de Jane Birkin se deshizo en  gemidos, su compañero dio el contrapunto ronco y desgarrado, y una y otra vez resonó ese 'moi non plus' quebrado y misterioso. Mi hermana y yo escuchábamos hechizadas, suspendidas en una burbuja de tiempo entre gente desconocida que se estaba quedando dormida sobre la mesa.

Pasaron horas hasta que el tío llamó con unas palmadas a un camarero que estaba acostado detrás del mostrador y le dio las llaves del coche. Nos despedimos y salimos. Afuera ya se veía, estaba amaneciendo y un inmenso cielo turquesa aclaraba encima de las dunas y el mar.

Sin hablar el chico nos llevó al hotel, dio la vuelta en la esplanada y desaparició en una nube de polvo. Una vez recuperado, el silencio traía el eco de las voces de Jane Birkin y Serge Gainsbourg: dulces suspiros y gritos sensuales y así hasta el día de hoy siempre que estoy cerca del mar.


Se escucha la canción en el blog de Max Estrella